jueves, 13 de diciembre de 2012

La palanca



—Mida, Mendugo, el sielo eztá doza.
—¿Rosa? Yo diría que está cada vez más lejos.
—¿Pedo tú no edez un dezqueído?
—Descreído sí, pero tonto no.
—De todaz fodmaz no queo yo que el sielo ze alehe de la tieda azí como azí.
—No, así como así no. Hay quienes están usando una palanca.
—Clado, ya lo diho el zeñod Adquímedez: dasme un punto d’apoyo y levantadé el mundo.
—Lo malo es que ahora no lo están levantando.
—Depende de qué lado.
—Te recuerdo que la Tierra es redonda, no tiene lados.
—Ezo ez lo que tú quiziedaz. Pedo eztán loz de aquí y loz de allí. Ziempe habá un lado y oto.
—Pero no deberían alejarse, sino acercarse.
—Hay quien pienza que conta máz lehoz, mehod.
—Se dice cuanto más, no contra más.
—En ezte cazo, cazi cabe máz el contra qu’el cuanto.
—No sé yo qué decirte, si no es cuestión de cuanto y no de contra.
—No ez cuanto tienez, zino cuanto valez.
—Eso suena a eslogan publicitario.
—Pedo no deha de sed veddá.
—Ese es el problema: la escala de valores.
—Ede Se A pefiede la ezcala de cuedda. Ez máz fásil de zubir.
—No sé si estamos hablando de lo mismo.
—Lo mizmo da, pada lo que vamoz a adeglá.





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